By NIMITZCVN68
Un
Citation VII aterriza en el Aeropuerto de Maiquetía procedente de África
occidental. No hay registros exactos de la procedencia de este avión de bandera
alemana. En la rampa 7, donde llegan los vuelos privados hay una camioneta
Toyota Sequoia color negro, a simple vista blindada y no muy lejos del lugar de
espera de la camioneta, media docena de motos Kawasaki color negro, de las que
es costumbre ver tripuladas con hombres haciendo servicios de escolta. Sólo que
los escoltas son hombres de la Guardia Nacional.
Phillip Grau Von Schweinsteiger desciende del avión apenas este abre la puerta. En tierra firme, maletín marrón en mano, estira su cuerpo completamente y respira una bocanada del fresco aire marino de la costa venezolana.
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Subiendo por la autopista Caracas La Guaira los dos hombres, seguros que no son escuchados por otro que no sea el chofer del vehículo comienzan a conversar en alemán:
-Wie war die Reise?
-¿Qué tal el viaje?
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-Ein
wenig schwer. Viele Probleme kommen. Es tut mir leid, was ich gelesen und
bestätigt, als ich landete. Sie fühlen sich die Winde in der Umgebung des
Endes.
-Un poco
pesado. Muchas angustias para venir. Lo siento en lo que leo y lo confirmé
cuando aterricé. Se sienten en el ambiente los vientos del fin.
-Nun,
Herr, haben eine Menge zusammengetragen und sehr schnell. Das Geld ausging,
Nahrungsmittel, Medikamente, Ratten das Schiff zu springen ist beendet.
Diejenigen, die treu, bereit, für die Sache zu sterben waren, jetzt die Hände
waschen, zu offenbaren Geheimnisse und beschuldigen andere vor. Sehr ernst Sir.
Der Unterschied ist, dass in seiner Zeit diese Dinge passiert, aber die Leute
wussten nichts, bis die Folgen waren unerträglich und unzureichende
Unterdrückung. Hier, trotz Kauf alle Medien, alles, was wir wissen, das
Internet, soziale Netzwerke, wie man sein Menschen haben uns in Schach. Der
Fall scheint zu sein, mehr Lärm, als Sie vielleicht zu antizipieren. Auch die
Kubaner haben uns verändert. Sie prognostizieren das Ende, scheinen uns zurück
zu geben. Warum nennen wir Notfälle.
-Bueno señor,
se han juntado muchas cosas y muy rápido. El dinero se acabó, se acaban los
alimentos, las medicinas, las ratas saltan del barco. Los que antes eran
fieles, dispuestos a morir por la causa, ahora se lavan las manos, develan
secretos y acusan a otros. Muy grave señor. La diferencia es que en sus tiempos
estas cosas pasaban pero nada lo sabía la población hasta que las consecuencias
fueron insoportables y la represión insuficiente. Acá, a pesar de haber
comprado todos los medios, todo se sabe, el internet, las redes sociales, la
forma de ser de la gente nos tiene en jaque. La caída parece ser más
estrepitosa de lo que se podría prever. Hasta los cubanos han cambiado con
nosotros. Predicen el final, parecen darnos la espalda. Por eso lo llamamos de
urgencia.
Phillip
observa a su interlocutor sin pestañear por un minuto o tal vez dos. Toma su
maletín, lo abre y lo muestra al joven que lo acompaña. Este queda atónito con
lo que ve.
-Das
Problem des Sozialismus ist nicht die Nahrung fehlt, ist, dass viele Menschen.
Verdrängen sie alle ist nicht möglich. Aber wenn sie anderweitig beschäftigt
sind, den Willen zu dominieren.
-El
problema del socialismo no es que falte la comida, es que sobra la gente.
Reprimirlos a todos no es posible. Pero si están ocupados en otra cosa, los
podrás dominar.
El
joven acompañante no sale de su asombro y aterrorizado de lo que ha visto se
recuesta de la puerta izquierda en silencio durante el resto del camino hacia
el hotel.
Después de hora y media de congestionamiento la camioneta y sus tres escoltas llegan a las puertas del Eurotel, el hotel más lujoso y seguro de toda Caracas.
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Segundos después de llegar el pequeño séquito, camioneta blindada, color verde, llega al hotel. Tres hombres se bajan de la camioneta. Son hombres muy bien vestidos, pero el aspecto del hombre rubio enciende las alarmas de los hombres de la seguridad del hotel, que sólo es apaciguado por el hombre asiático.
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Phillip
y su anfitrión descienden del vehículo. Los tres escoltas se ponen a la orden
para bajar el equipaje del extranjero, rechazando la ayuda de los botones
alegando razones de seguridad.
De
pronto el hombre rubio se acerca al grupo de escoltas que remolcan las maletas
y saca de su chaleco dos micro-uzi y comienza a disparar, hiriendo a uno de los
escoltas. Otro de los escoltas logra echarse al suelo y se escuda con la
maleta. Sorprendentemente la maleta contiene las balas de las ametralladoras. El
tercer escolta escuda al turista y a su anfitrión. El anfitrión de Phillip lo
escuda y logra sacar un arma para defenderlo. El hombre asiático saca una
micro-uzi y comienza a disparar contra el extranjero alcanzándolo en el abdomen.
La ráfaga de la uzi del asiático destruye la puerta de vidrio del lobby. Anfitrión,
el escolta y el turista, corren al interior del hotel y se escudan de una
maceta de concreto. Otro hombre que había bajado de la camioneta verde dispara
contra la camioneta Toyota negra de donde venía el infortunado turista alemán
para contener al chofer y al copiloto que también son hombres armados.
La
defensa del turista alemán está en una condición precaria, los escoltas están
superados en poder de fuego. Pero el guardia refugiado en la maceta de
concreto, ordena a sus clientes arrastrarse hacia el pasillo, luego toma la
decisión de hacer frente sus atacantes y sale de su refugio y le dispara en la
cabeza a uno de sus atacantes. El guardia herido toma un segundo aire y le dispara
en una pierna al pistolero asiático, que pensaba que el sujeto estaba muerto.
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El Alemán y su anfitrión van casi arrastras hasta el pasillo que da a las habitaciones para refugiarse, pero el paso del europeo es bloqueado por un cuarto sujeto. Un hombre negro corpulento, vestido con un fino traje gris, que saca del chaleco una pistola Desert Eagle calibre 50 y le da una ráfaga de tres disparos en el tórax y abdomen. El extranjero cae al suelo, al pie del mostrador de recepción, justamente conde se puede leer en diez idiomas la palabra “BIENVENIDO”. El anfitrión huye despavorido. El sujeto negro le arrebata al alemán la lujosa maleta marrón y este escapa de la escena, en medio del tiroteo, por los ascensores del hotel, rumbo al estacionamiento.
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El
conductor de la camioneta verde observa que el ataque está siendo repelido
exitosamente por los escoltas. El guardia, escudado con una de las maletas del
turista cubre a los hombres de la camioneta negra. Se oyen sirenas de la
policía y hombres de seguridad del hotel se empiezan a sumar al tiroteo con sus
pistolas Glock 17.
El
asiático es rematado por el escolta líder que sale de su maceta. El hombre que disparaba a la camioneta
negra, comienza a retroceder, el conductor y el copiloto salen armados con
ametralladoras HK-MP5 y arremeten contra los atacantes. El conductor de la
camioneta verde responde con una M249 para cubrir su retirada. Todo ocurrió en menos de tres minutos. La entrada del
hotel queda destruida, como si hubiese habido una guerra.
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Phillip
Grau Von Schweinsteiger es llevado gravemente herido a la clínica de
Cauirimare. Phillip nunca sale de Alemania sin llevar consigo su exclusiva ropa
blindada de Miguel Caballero, hecha en Bogotá. Gracias a esa ropa aún está
vivo, incluso el escolta que se escudaba con la maleta, puede contarlo. Trajes, camisetas e interiores de Pihillip, son blindados, pero un
disparo de calibre 50 puede ser mitigado, pero no repelido. Aunque su ropa
blindada evitara la penetración de una bala tan poderosa el golpe provocaría
fracturas y hemorragias internas. Eso sale muy bien explicado en el manual de
usuario de que viene con cada prenda.
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Los
asaltantes han abandonado la camioneta verde y pasaron a otro vehículo que los
esperaba en Las Mercedes. El chofer de la camioneta llama desesperado a su
contratante que le informa que el blanco sigue vivo y camino a una reconocida
clínica, por tanto, no habrá pago. Los dos sobrevivientes del asalto y sus
otros dos amigos están furiosos.
El
procedimiento quirúrgico lleva ya cinco horas. Los médicos lucen esperanzados. Phillip
es un hombre fuerte, a pesar de la inconsciencia provocada por los anestésicos,
no va a partir de este mundo sin luchar. Los doctores proceden con las últimas
suturas para luego esperar por la pronta recuperación del paciente.
Un
grito y la caída de varios objetos fuera del quirófano llaman la atención de
una de las enfermeras. El resto de los cirujanos están concentrados, no se
inmutan. Repentinamente, el hombre que conducía la camioneta verde en el asalto
del hotel, entra en el quirófano descargando el contenido de una micro-uzi con
silenciador en el cuerpo del recién operado alemán.
ElCapitán Hallaca se prepara esa misma tarde en su camerino para salir al aire en
su programa de BTV, “GUISANDO”. La maquilladora prepara al jerarca para
anunciar a su reducida audiencia nuevas detenciones contra políticos disidentes,
clases de socialismo y “buenas costumbres” para no ser descubiertos en el arte
de maversar los bienes del estado.
Bobure
llega a la puerta del camerino y se anuncia haciendo ruidos sacudiendo su
gruesa cadena de oro. El Capitán lo observa por el reflejo del espejo y le
ordena a la maquilladora abandonar el camerino para conversar a solas.
-Noooo
jefe, hicimos el trabajo, pero el “catire” lo único que tenía en esa maleta era
el “perfume del hombre araña”.
-¿El perfume del “hombre araña”?- el Capitán Hallaca voltea la silla hacia su sirviente y con un gesto pide a Bobure le entregue el maletín. Bobure entrega el fino maletín de cuero marrón, el capitán lo abre y queda asombrado de lo que ve en su interior.
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Con estupor el Capitán Hallaca mira a su sirviente y extrae del maletín un cilindro trasparente que contiene un envase rojo con un símbolo que dista mucho de ser el logo del asombroso “hombre araña”. El capitán sabe la gravedad de lo que tiene en sus manos.
-¿Ta
viendo jefe? Yo le compré ese perfume al carricito mío para regalárselo el día
del niño, usted sabe. El perfume del “hombre araña”, es rojo y con el dibujito ahí.
-¿No
lo destapaste verdad?
-No
hombre jefe. Lo chimbo son los panas de la banda del Cartanal. Noooo si saben
que mataron al Gordo Baygón y al chino Cachichen por esto se van a poner hasta
tristes.
-Hiciste
bien en no destaparlo- le dice el Capitán Hallaca a Bobure sin despegar los
ojos del envase, -en cuanto a los tipos estos del Cartanal. A ellos no les
interesa lo que había en esta maleta. Págales lo acordado más una chuchería por
los muertos para que se callen. Después te digo cuando mandar a la Guardia,
para que los liquide a todos.
El rostro de angustia del Capitán hallaca cede el paso a una pícara sonrisa. Por fín encontró algo que dejar en caso de tener que abandonar el ruedo político, en silencio.
En
una reconocida funeraria de la Avenida Libertador se da el último adiós a un
reconocido ciudadano extranjero que tuvo a bien hacer una pequeña familia con
una humilde y hermosa mujer de la capital. Yamira del Carmen y sus dos hijos
Bremen y Thomas, de cinco y ocho años respectivamente, lloran desconsolados al “Catire”,
apodo con el que se dirigían a su padre, aquel enorme y silencioso hombre
blanco que los visitaba una docena de
veces al año.
Es
una tarde como cualquier otra en la funeraria. Cientos de personas, de diversos
estratos sociales van y vienen para acompañar a las familias de los deudos.
Llantos de hijos que despiden a sus padres arrebatados por las enfermedades de la vejez.
Llantos de padres que despiden a sus hijos arrebatados por la inseguridad. Sólo
tres cosas pueden alterar la paz en un lugar como ese: Conflictos familiares no
resueltos, ajustes de cuentas por saldar y…
Una
mujer joven de piel morena vestida con una bata negra se acerca al ataúd donde
yace Phillip para llorar amargamente sobre él.
Yamira
se acerca a preguntarle quién es ella y de dónde conoce a Phillip.
-Ve,
es que yo soy su esposa María Chiquinquirá. Y estos que están aquí, son nuestros
hijos Usarmy y Luswafer, uno tiene doce y el otro quince. Me voy a llevar a mi
marido para Ciudad Ojeda.
-¡Noooo
diabla! ¿Sabes qué? Tú lo que estás es soyaaa ¡El Catire es mi marío, no te lo
vas a llevar! ¡Aquí están los papeles que este macho es mío!
-¡Ver#!%&ión
yo también tengo un papel como ese!
La guerra entre dos amantes de un mismo difunto(a) es el tercer motivo que puede alterar la paz de un velorio.
Dos jaulas de la Policía Nacional van a sofocar lo que parece ser un grave disturbio en la Avenida Libertador, entre un grupo de personas venidas del occidente del país y otro del barrio Los Sin Techo del cementerio. Pero son seguidos muy de cerca por dos camiones blindados NIGHT XV con placas diplomáticas de la embajada alemana.
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Mientras
los policías tratan de poner orden el caos ocasionado por las dos familias en
disputa por el cadáver de Phillip, seis hombres fuertemente armados descienden
de uno de los vehículos y toman la urna de Phillip sin pedir permiso para
meterla en la camioneta de donde descendieron. A su paso, los fornidos hombres
a empujones quitan de su camino a quién se les atraviece, y en un par de ocasiones
disparan sus armas para espantar a quién los amenace; ande a pie o ande en moto.
Una
de las viudas se acerca infructuosamente a la camioneta donde depositan la urna
para ser trasladada a algún lugar desconocido. Pero uno de los hombres le
cierra las puertas del vehículo en la cara. Un hombre gordo de traje beige
golpea con insistencia la puerta del otro blindado. El vidrio trasero derecho
baja y se asoma el rostro de una mujer blanca madura entre la oscuridad del
interior del blindado. La puerta se abre y el sujeto entra al vehículo. Los dos
vehículos arrancan dejando atrás el caos provocado por el enfrentamiento entre
los allegados de las dos viudas.
En
el interior del blindado negro, el hombre de traje beige comienza a hablar con
la mujer que le dio audiencia.
-Señora,
me presento. Soy Boliburgo de la Ralea. Socio de su esposo... porque imagino
que usted, si es la esposa legítima del señor Phillip.
Un
hombre blanco rubio de ojos grises y mal encarado le murmura a la mujer las
palabras del gordo y esta responde a Boliburgo con un gesto que da a entender “¿ajá
y?”.
-Bueno
señora como le decía. Su marido y las personas a las que represento, teníamos
negocios que acá son muy muy lucrativos pero que en su país pueden ser…
cuestionables. Entonces verá él tiene un dinero que espero que usted pueda
reconocer como parte de, nuestra sociedad. Y en caso que no desee más nuestra
sociedad pues ¿tendría usted la amabilidad de devolvérnoslo?- termina Boliburgo
su exposición con una enorme sonrisa.
El
hombre blanco termina de murmurar y el rostro de la mujer cambia a un desagrado
total.
Sagen Sie diesen unglücklich, dass das Geld im Namen von meinem Mann ist mein, und meine Kinder. Nehmt diesen Mann aus den Augen!
-Frau Von Schweinsteiger no reconoce ningún negocio con usted. Tenemos instrucciones de que cualquier cosa fuera de lo normal que le ocurra a ella o a sus hijos iremos por usted y por “la gente que usted representa” y los mataremos.
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El
vehículo se detiene brevemente en la Autopista Francisco Fajardo, a la altura de
Quinta Crespo, en la rivera del Río Guaire, y Boliburgo de la Ralea es arrojado
como quien desecha muñeco en un basurero. Afortunadamente Boliburgo sabe nadar.
Las
viudas que dejó el polígamo Phillip Grau Von Schweinsteiger, regadas alrededor
del mundo, no fueron las únicas en lamentar su muerte. En la Habana, en “El Laguito”,
complejo residencial de gobierno, André Köhler (El Artista) lee un periódico venezolano
de hace una semana que un agente de la guardia de Raúl le hace el favor de
guardar para poder enterarse de lo que acontece en el mundo exterior. Allí ve
la foto del que en vida fuera su amigo en la STASI; el biólogo molecular e
infectólogo Karl Hummels Menguele.
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Esa noche de noviembre, hace 25 años, un viejo teléfono suena en la oficina de Köhler. El “Artista” atiende:
-¡Hola!
-¡Amigo! Es Karl. Necesito ayuda, no sé qué hacer– dice el hombre murmurando, alarmado, con la voz baja pero entrecortada por la respiración nerviosa.
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-¿Qué
pasa Karl? Hace tiempo que no se de ti.
-
Te llamo desde los laboratorios. No sé qué está pasando. Creo que estalló la
guerra con occidente.
-¿Por
qué lo dices?- pregunta Köhler levantándose de su puesto y dirigiéndose a la
puerta de la oficina de Böer, un colega de operaciones. Afortunadamente el
cable del teléfono llega hasta el pasillo.
-Han irrumpido unos hombres armados al laboratorio. La ubicación de este lugar es muy secreta. Ni yo sé donde estoy. Los hombres que entraron son británicos. Han matado a los guardias y se llevan todo. Pronto me descubrirán. He llamado a todos, amigo, nadie me responde.
Köhler observa que las oficinas están vacías. Él es el único que queda en todo el piso. Todos se han ído. Pero el “Artista” no sabe por qué.
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-¡Karl trata de salir de allí así sea por las alcantarillas!- Fueron las últimas palabras que Köhler le dijo a su amigo Karl.
Köhler sabía que su amigo desarrollaba armas biológicas para el régimen de la RDA. Tiempo después sus alumnos del G2 le informaron que una vanguardia de las SAS aprovechó el colapso del régimen, la noche de la caída del muro para destruir el laboratorio de Lossow cerca de la frontera polaca. Desde entonces Köhler sabía vagamente que Karl había huido a Angola y regresado a Alemania trabajando en el mundo petrolero con otra identidad.
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