sábado, 29 de noviembre de 2014

3.14. EL PLEBEYO



...JUEVES

Romeo (@NIMITZCVN76) llega a Grand Central Terminal, atendiendo a las instrucciones de Amazon. En un recoveco, a un costado de las escaleras consigue un trozo de papel doblado. Al sacarlo del agujero y desdoblarlo, resulta ser un sobre de UPS. Al abrirlo, en su interior hay una llave y una nota con nuevas instrucciones.


Romeo sale a la avenida East 42nd, cruza y busca un servicio de casilleros en Pershing Square, busca el casillero que indica el número troquelado en la llave, el 508. Abre y en el fondo consigue una maleta y un sobre. El sobre contiene cinco mil dólares ($5000) en efectivo. Romeo toma las cosas del casillero y sale  de nuevo a la East 42nd, cruza y toma un Taxi.


Romeo le explica al taxista, en un inglés medianamente aceptable, que debe ir a Central Park West, que es donde se encuentra @Blackman:

-Tranquilo amigo, hablo español. Dígame sin pena donde desea ir exactamente.

-¡Que alivio! Es el edificio Park Three 876 de West 71- indica Romeo bajo las instrucciones de Amazon en el auricular.

-Usted no suena de Centroamérica, suena… ¿Es Venezolano?

-Ah, sí. Estoy de viaje de trabajo.

-¿Viajo de Venezuela para Nueva York con lo caro y complicado que está conseguir un pasaje? ¡¿NO SERAS UN BOLIBURGUÉS?!... si es así se me baja del taxi ¡AHORA MISMO!

-¡NO NO! AMIGO, somos compatriotas, pero no cooperantes. Trabajo para una firma petrolera, soy un mortal asalariado y bachaquero como cualquier otro.

-¡JUM!... “EL QUE SE CANSA…”

-“PIERDE”… “Y ESTÁ PROHIBIDO LEVANTARSE SIN ILUSIONES….”

-Y VESTIRSE SIN ESPERANZAS” ¡JAH!.... “Y EL TIEMPO DE DIOS…”

-OK déjame acá que voy a tomar otro taxi.

-¡NO NO NO! definitivamente eres ¡Escua..!

-¡Venezolano Libertario y Demócrata por favor! Por cierto este taxi es ¿Mercedes?

-Siii, es uno de los cien taxis Mercedes Clase M que hay en Nueva York.

@Blackman es sacado inconsciente del apartamento de Céfora, maniatado, amordazado y cargado por dos de los matones de Johndeer, por el pasillo de mantenimiento, hasta la calle de servicio que está detrás del edificio Park Three. Allí espera el tercer matón, el más viejo, en un auto Ford verde oscuro.

Los matones meten a Hernán (@Blackman) dentro de la maleta y salen rápidamente con rumbo desconocido.

Amazon advierte a Romeo que la señal de @Blacman se desplaza a 10Km/h del edificio donde estaba con rumbo oeste. Obviamente está en un auto.

El taxista tiene sintonizada una emisora de música latinoamericana. En ese momento está al aire un programa de baladas viejas, boleros y rancheras.

-¿Cómo te llamas?- pregunta Romeo al taxista.

-Fausto. Fausto Giusti, de San Cristobal.

-¡Fausto! Necesito que vayas hacia Broadway pero en dirección norte (es la ubicación de Hernán según Amazon).

-¿Cómo así?

-Es que los amigos con los que me voy a encontrar cambiaron de lugar de reunión y me están diciendo donde van.

Fausto, el taxista toma la vía hacia la avenida Broadway. Romeo está angustiado.

Luego de varios cruces de calles y avenidas, el Ford Taurus verde, de los matones de Johndeer toma la autopista Henry Hudson Parkway. Romeo indica a Fausto que llegue hasta esa autopista. Una vez en la autopista los dos autos están a medio kilómetro de distancia uno del otro.

Romeo rápida y discretamente abre el pequeño maletín. Es una subametralladora HK-MP7, con cuatro cacerinas llenas de balas blindadas del tipo EXACTO.

-Amazon estoy arreglando “El Regalo” por favor enciéndelo- Amazon activa las balas. Las cacerinas se iluminan en color verde.

El Taurus toma la Interestatal 95 hacia el Bronx West 178. Casi medio minuto después el taxi Mercedes amarillo toma el mismo camino. Fausto, sobreviviente de la delincuencia en Venezuela comienza a sentirse invadido del síndrome de la inseguridad, que creía haber dejado atrás en Caracas.

-¡CHAMO! Esto es el Bronx. No me irás a echar una vai$#%&

-¿El Bronx? Sonó feo eso…

-Maric#8” esto es el Petare de Nueva York… si no conoces aquí es mejor no meterse.

-¡Verg$#% vale! ¿Cuánto te estoy debiendo?

-Noventa dólares.

-¡Toma doscientos!- Romeo le ofrece los billetes al taxista –sigamos adelante y te doy más…

-¡Menos mal que no eres Boliburgués!

El Taurus sale de la inrestatal por Webster Avenue y reduce la velocidad perdiéndose en la urbanización y las calles desoladas hasta llegar a Southern Boulevard. El taxi Mercedes logra ganar ventaja.

En un sector desolado y depauperado del Bronx, el Taurus de detiene al final de la calle y los dos matones se bajan del auto y abren la maleta.

El Taxi Mercedes se detiene antes de cruzar la esquina que cruzó el Taurus para luego detenerse.

-Fausto, déjame acá, pero espérame diez minutos. Si a los diez minutos no llego, te vas-, Romeo saca otros doscientos dólares.

-Si así llueve ¡Que no escampe! Cuidado chamo, que esto aquí es candela y cargas como mucho real.

Romeo se baja del taxi con la ametralladora HK-MP7 escondida en el sobretodo y corre a toda velocidad para cruzar la esquina.

-Romeo, tienes tres blancos armados con pistolas 9mm.

-¡Rápido Amazon carga los blancos!- Romeo cruza la esquina y saca el arma.

-A este le vamos a meter un poco de tiros aquí mismo para que crean que lo mataron los de por aquí- dice uno de los matones al otro, con acento centroamericano, mientras este se alista para sacar a Hernán de la maleta.

-¡Hey! ¿Y ese que viene allí corriendo?- advierte el matón hablador, que se pone la mano en la pistolera.

-¡Un loco de por aquí!

Romeo dispara una ráfaga de doce disparos sin detenerse. El silenciador es lo suficientemente eficiente como para que Fausto, el taxista no oiga el tiroteo.


Romeo aparece por la esquina en dirección al taxi, casi cargando a su amigo Hernán por el hombro.

-¿Tu amigo está enfermo?

-No, un poco ebrio pero tranquilo, no es de los que se vomitan.

El Taxi Mercedes retorna a Manhattan.

Hernán está abatido y desmoralizado, Romeo desarma y guarda la ametralladora en el maletín y luego comienza a revisar a Hernán para asegurarse que este no tenga heridas graves. Sólo la quemada producida por la electrocución para someterlo.

Hernán luce perdido en sus pensamientos. Una vieja canción empieza a musicalizar su desengaño:

La noche cubre ya con su negro crespón
de la ciudad las calles que cruza la gente con pausada acción.
La luz artificial con débil proyección
propicia la penumbra que esconde en su sombra venganza y traición.
Después de laborar, vuelve a su humilde hogar
Luis Enrique, el plebeyo, el hijo del pueblo, el hombre que supo amar.
Y que sufriendo va esta infamante ley
de amar a una aristócrata siendo plebeyo él.

Trémulo de emoción, dice así en su canción:

El amor, siendo humano tiene algo de divino,
amar no es un delito porque hasta Dios amó
Y si el cariño es puro y el deseo es sincero
¿Por qué robarme quieren la fe del corazón?
Mi sangre aunque plebeya, también tiñe de rojo
el alma en que se anida mi incomparable amor.
ella de noble cuna y yo humilde plebeyo,
no es distinta la sangre ni es otro el corazón.
¡Señor por qué los seres no son de igual valor!...

En medio del conmovedor lamento del cantante, Hernán comienza a llorar a moco tendido como si se tratara de un niño abandonado.

El taxista queda atónito mientras Romeo permanece silente, circunspecto e inexpresivo ante el patético acto.

-Tu amigo no es de los que se vomita, pero llora ¡Tiene una pea llorona!

-Es complicado. Tú sabes, problemas con la mujer- se explica Romeo.

VIERNES

Es la una de la madrugada, el taxi deja a Romeo y a Hernán a las puertas de una pequeña casa de la Segunda Avenida. Un hombre sale  y le pide a Hernán entrar. Romeo permanece afuera. Un auto negro le hace luces a Romeo. Dentro de él se logra ver a @LibertyStatue. Romeo entra al auto.



-Buenas noches @LibertyStatue.

-Buenos Dias Romeo. Es la una. Guarda esa maleta atrás. Toma esta nota. Es otro buzón por si se presenta otra emergencia. Este está más cerca del hotel donde se hospedan ¿Qué tan comprometida está la identidad de @Blackman?

-Tanto como para que no esté en operación por unos días.

El Doctor Luis Marquina ha auscultado a Hernán y curado sus heridas.

Son las tres de la madrugada. Romeo y Hernán están en el Box House Hotel. Antes de dormir Romeo hace un intento de aleccionar a su amigo herido física y sentimentalmente:

-La tarde cuando Romina se fue de Venezuela, nadie veía mi llanto porque llovía en Caracas. Luego, cuando la vi abrazada a otro en Facebook comprendí, que nadie se merece que sufras. Que el mundo está repleto de mujeres y cada una es una oportunidad nueva de volver a empezar…


Mientras Romeo y Hernán reflexionaban sobre la situación sentimental de cada uno, hay revuelo en el Bronx. Tres hombres fueron encontrados muertos en una calle abandonada alrededor de un auto verde.


Steve Larson, comandante de la policía de Nueva York (NYPD) está furioso. Se acerca a tres hombres que acaban de llegar a su escena del crimen:

-¡Paco de Riveiro y Timothy Williamson! ¿Qué hacen la DEA y el FBI en mi escena? ¿Y usted quién es?- señala Larson a un tercer hombre, de aspecto sombrío, que anda con ellos.

-Yo no estoy, ni existo.

-¡OH! Maravilloso, hasta CIA está aquí ¿Quién falta por venir? ¿La NSA o la ATF?


-Larson ¡Mira estas balas!- Williamson, el agente del FBI, levanta una bolsa de evidencias con tres balas de 9mm.

Larson observa con atención y nota que las balas tienen sendos bombillos led verde y rojo aparte del agujero cónico en la parte trasera de las mismas.

-¡Qué balas más raras!

-Son Balas EXACTAS. DARPA no ha logrado hacerlas más pequeñas que el calibre 50, pero quien mató a esos tres infelices, lo logró. Mira, el tirador disparó desde aquella esquina y la bala le entró por la cien a conductor sorteando la puerta de la cajuela y entrando por la ventana derecha. La gente de balística enloquecerá.


-Estos tres son miembros de “LA MARA” Salvadoreña. Le prestaban servicio de protección al lavador de dólares de los “Narcosoles”, Johndeer Sandoval.


El otro hombre, el misterioso, observa la escena y a los otros tres hombres –Adelante Paco, tú sabes sumar y restar ¡Tu Puedes!

-Los matones de un narco, muertos con un arma no debería ni existir… ¿“La Hermandad”?

-¡BINGO!- grita el hombre misterioso. Ante la afirmación de Paco, Larson y Williamson se sobresaltan.


-¿Tenemos hombres de un grupo radical fascista venezolano matando gente en Nueva York? ¡Hay que poner la ciudad en alerta naranja!

-¡Williamson ve mucho el canal 8 de ese país! “La Hermandad” no es hostil a los Estados Unidos.

Williamson encara la hombre misterioso -¡BIN LADEN! No era hostil a los Estados Unidos.

-Yo seré hostil contigo si no bajas el tono.

-¡Calma señores calma! Todo apunta que este es un hecho aislado, salvo por los “artificios”.

-Haré un par de llamadas y te diré que pasó acá- ofrece el hombre misterioso a Paco.

-¿A él si le dices y a mí no?- reclama Williamson.

-Paco me cae bien, tú no.

Ese viernes estaba especialmente nublado. Hacían 2°C con una niebla tan espesa pero tan delicada que la podías romper con las manos y comenzaría a caer la nieve. No dormí. Acomodé mi equipaje y me adelanté a Hernán. Era nuestro último día en Nueva York.

El timbre en el apartamento de Aída suena y la mujer somnolienta se asoma a ver quién interrumpe su sueño a las 6 de la mañana.

Aída se sorprende y abre la puerta rápidamente. Es Romeo. Sin mediar palabras entra con su equipaje en el apartamento de Aída y luego de cerrar la puerta tras de sí y colocar la maleta a un lado, sujeta a la joven por las piernas y se zambulleron juntos en el sofá.


La escena era caótica pero silenciosa. Hambrientos de deseo, entre besos, abrazos y estirones uno desvestía al otro hasta que no había barrera que impidiera que los dos cuerpos se unieran.


Luego de los ONCE MINUTOS, que dura hacer el amor, según el afamado escritor brasilero; vinieron las lágrimas; la incertidumbre de si habrá un nuevo encuentro; la despedida.

Romeo empacó los regalos para Jaqueline y fue sorprendido con un recuerdo de Aída:



-Cuando me dejaste con el Toro de Wall Street, sin darme hasta el momento una explicación, me puse a recorrer las tiendas de ropa de caballeros que abundan por ese sector. Te compré un conjunto de ropa deportiva y una camisa.

-¿Y tu esposa vio esos regalos?- pregunta el Doctor Barreto.

-Sí, de hecho tuve que dar muchas explicaciones y comprar cosas para Julieida de emergencia.


Pasamos recogiendo a Hernán. Ví un movimiento muy inusual de policías y militares en la ciudad. Llegué a pensar que tenía que ver con el rollo de Ferguson, pero eso es en Misouri en el centro de los Estado Unidos. No entendí por qué Nueva York estaba en alerta.


Romeo y Hernán no entendían hasta que los pasajeros del vuelo de regreso a Caracas, fueron interrogados en el Aeropuerto. Afortunadamente las coartadas eran buenas y ninguno se alteró poniéndose en evidencia. Buscaban miembros de “La Hermandad”.

El adiós entre Aída y Yo se selló con un beso largo enjugado en lágrimas.

 -En conclusión Romeo eres un sinvergüenza. No entiendo ¿En qué momento dejaste de ser el niño que conocí?

Romeo comenzó a rememorar los consejos de su amigo Piero en el estreno del Episodio II: “¡VAMOS ROMEO! ¡SE VIVE UNA SOLA VEZ!”.


-Doctor creo que me pase de la hora.

-Si, te echaste tres horas echándome tu cuento.

-En ese caso tendré que pagar tres…

-No, No, No… pagarás una consulta como siempre. Porque lo tuyo forma parte de algo más grande. Después de hoy, en cualquier momento vendrás por esto- El Doctor Antonio Barreto saca de un estante un folleto titulado: 

“RECONCILIACIÓN DESPUÉS DE LOS CACHOS”
Taller y Terapia Intensiva.


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Dedicado a una amiga especial que me ayudó a ir a Nueva York sin necesidad de las carpetas del SICAD II

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